- Imaginemos a O’Brien, en
tiempos de grandes cosechas. Cuando ello ocurría, era
muy grande el afluir de hombres y mujeres desde
distintos lugares del país. En los primeros años del
nacimiento del pueblo llegaban de Europa también; eran
los inmigrantes golondrinas que trabajaban duro y parejo
para ganar en América un salario que les permitiera
paliar el hambre y la miseria que entonces era tan común
en su tierra natal, y sobre todo en Italia del Sur. Allí
la campiña era muy pobre y grandes latifundios
improductivos cerraban toda posibilidad de trabajo
remunerativo. La cosecha de trigo se hacía con hoz y a
mano, engavillándolo y formando parvas que luego se
trillaban con máquinas a vapor. Pero antes que estas
aparecieran, se pisaban las espigas con caballos y se
recogía luego el grano a mano. Con el maíz ocurría
otro tanto. Hasta 1960 se levantaban a mano. Recuerda
quien esto escribe, que en Las Petaquitas se reunieron
en cierta ocasión hasta 300 juntadores con sus familias
que realizaban este trabajo bajo las órdenes de JUAN
DELUCCIS. Hechas las trojes de maíz, luego se
desengranaba y embolsaba.
- Los chacareros que debían
dar su porcentaje avisaban a quien correspondía, que
este trabajo estaba realizado y listas las bolsas; estas
se separaban marcándolas con blecke con la marca de la Estancia. En Las Petaquitas, hacía este trabajo de gran
responsabilidad ANGEL STOCCO, y muchas veces lo acompañamos
–dice Quesada- en su sulky, mientras hacía este
aparte. Luego era necesario transportar estas bolsas
hasta los galpones de la estación para lo cual se
contrataban las famosas chatas o se usaban las propias,
según las necesidades de cada uno. Cada chata era
arrastrada por cuatro caballos con sus laderos y a
veces, otros que tiraban de los ejes de las ruedas
delanteras. En épocas en que se utilizaba este
transporte se las oía pasar, escuchando a su ves el
tintineo de los cencerros y el ruido tan característico
de las ruedas sobre la arena. Y había que ver como
quedaban los caminos...!. eran las épocas en que los
pocos autos que circulaban se empantanaban en os
arenales sueltos, producido por los cuentos de ruedas de
chatas que continuamente pasaban. En el verano en las
noches claras y serenas de luna llena, se oía de lejos
el pasar de las chatas, mientras el dormilón cantaba su
acompasada melodía tristona. Es un recuerdo imborrable
de nuestra niñez; quién no la oyó, no puede imaginar
cuan dulce y romántica era toda esa época,
diametralmente opuesta a la que se vive en estos días.
- Pero si bien el lado que
hemos recordado despierta evocaciones placenteras, existía
una realidad mas peyorativa y materialista que no nos es
dable olvidar. Eran los chateros un gremio de gente
sacrificada. Debían tener sus caballos en condiciones
muy buenas para que aguantaran la zafra. Para ello debían
de agenciarse de buen campo de pasto. Y en plena faena
dormían muy pocas horas pues estaban de continuo sobre
sus chatas. Así generalmente se levantaban a las 12 de
la noche y si se acostaban entre las 8 y las 9 de la
noche siguiente podían darse por contentos. Sus
caballos descansaban más que ellos.
- En un principio se llegaba
a los galpones de la
Estación por cualquier calle del pueblo. pero en época
de lluvia o de seca, esto producía un deteriodo
espantoso en sus calles. Si llovía, los pantanos que se
formaban por doquier (sabemos que casi todo el pueblo es
un bajo) imposibilitaba el tránsito de todos sus
habitantes. En caso contrario, el arenal suelto también
empantanaba y al menor viento producía nubes de tierra
que obscurecían la visión. Recordamos como en os días
ventosos se veían pasar por el cielo enormes masas
obscuras de polvo. Para evitar esto, el Delegado
Municipal ITUARTE, dispuso el 9 de mayo de 1944 la
prohibición terminante de la circulación de chatas,
cargadas o vacías, por
la Avenida O ’Brien y Calle San Patricio, pudiéndolo
hacer por cualquier otra. A los infractores se les
cobraría una multa de DIEZ PESOS o DOS DIAS DE ARRESTO
por desobedecer esta disposición. Pero, según recuerda
BASILO JORDY, que la calle más usada para este tránsito,
es la actual Bowen y que entonces era conocida como “
LA CALLE DE LAS CHATAS”. Tenemos una lista de estos
chateros, mucho de los cuales debieron tener varios de
estos carros. Ellos eran: MANUEL ALFONSO, JUAN TAMBORÍN,
ROMULO RODRÍGUEZ, JUAN ARTANO, ANGEL MANZIONE, VICTORIO
MANUEL BISSIO, LUIS BARETTA, ANGEL POLAROLO, ANTONIO JIMÉNEZ,
PEDRO COSMA, ANTONIO ROSSO, MARTÍN BIANCHI, ISMAEL
PEDRO ALICE, JOSE CASTELAO, MIGUEL F. BIANCO, SANTOS
NERI, SANTIAGO LUCERO, JUAN D’ANGELO, JOSE M. ARÉVALO,
JOSE BRACCO, CIRILO ABETTE, DOMINGO BOSSOLASCO, AGUSTÍN
CARTÓN, TOMAS RIVA, BARTOLO GALLO, RICARDO HEFFLER,
MARTÍN TERRUZZI, RODOLFO ROBERTO CAVENAGHI, PABLO
SCHMID, JUAN HEFFLER, ERNESTO BASILE, EMILIO TAGHON,
JOSE O’KEFFE, MANUEL RODRÍGUEZ, PABLO HEFFLER,
ALEJANDRO ACOSTA, FELIPE FUNES, GUIDO BERUTTI, RAMON
PERALTA, DOMINGO BOTTA, ADOLFO PERALTA, NORBERTO SOTELO,
ANTONIO LUCERO, JUAN FUNES y FERNANDO ZARCO. Un cuaderno
llevado por Pepe Unchalo, da cuenta de los acarreos
efectuados por JUAN ALTEAR, ANTONIO LUCERO, JUAN Y
FELIPE FUNES y FERNANDO ZARCO. Un viaje salía de
130 a 150 pesos, ignoramos si la diferencia es
por cantidad de bolsas o distancia. En uno solo de los
chateros; Zarco, están anotadas las cantidades de
bolsas traídas; así, a DOMINGO MIRI, se le cobró 400
pesos por 110 bolsas; CARLOS TAGLIERO por 100 bolsas
333,00 pesos, a PEDRO MOLEA, por 95 bolsas 227,00 pesos,
a SALVADOR CITATE por 120 bolsas 366,00 pesos, a ISIDORO
CAVENAGHI por 100 bolsas 291,00 pesos y muy larga sería
la lista. Las Petaquitas, como producía mucho cereal,
aparece en numerosas ocasiones. Estas anotaciones de
Pedro Unchalo corresponden a los años 1951/59. Nos
narraron con relación a las chatas de transporte de
bolsa de cereal, que desde Irala y hacia O’Brien,
estos vehículos traían uva a un fabricante de vino en
O’Brien, son muchos los interrogantes en este aspecto
pues la línea férrea de v llega hasta mendoza y
entonces no sabemos porque la uva se descargaba en Irala
(Esto sucedía en los años ’32 al ’34) y no en
nuestra Estación de F. Carril, pues llegaba en forma
directa; otra de las preguntas es en que forma vendría
la uva en chatas –es decir cual sería su envase o
forma de enviarla- pues en una ocasión y debido al mal
estado de los caminos, volcaron varias de estas chatas y
la gente se hartó de comer uvas; y luego nos
preguntamos quien sería el fabricante de vino en O’Brien
en esos años ...?, este dato no lo fue proporcionado
por ZUNILDA LEYS, que vive actualmente en Morse y lo
sabe a través de su padre (ya fallecido) que era uno de
los que transportaba esa uva, pero no recuerda quien
recibía aquí para hacer el vino. Algún viejo vecino
recordará estos nombres...? Basilio Jordy, apasionado
por las viejas casas de un O’Brien pintoresco y casi
lejano, nos hace una semblanza de la calle de las
chatas; calle que atravesaba su barrio: “...recuerdo
de mi niñez, y estoy hablando de hace 60 años, halla
por 1934. eran tiempos de cosecha. Me sentaba en el
umbral de la puerta de mi casa, hoy propiedad de
la Familia de Juan Bautista Montaiutti, y veía
pasar las caravanas de chatas cargadas con cereal
destinados a los galpones del Ferrocarril. Entraba toda
la cosecha de la zona norte de los galpones de
almacenaje. Yo tenía admiración por los nobles
animales que producían una cantidad enorme de fuerza
para llevar una carga tan pesada. La caballada de una
chata estaba compuesta por 10 animales; un basero, 5
cadeneros y 4 cincheros. Los cadeneros tiraban con
pecheras y los cincheros tiraban con cuartas del eje
delantero de las chatas. Tan vez mi memoria me falle y
me olvide de algún chatero. No recuerdo los nombres
pero si los apellidos. La mayoría de ellos vivían en
el Barrio Villa Elba. Los ARÉVALO, CANO, LUCERO, JIMÉNEZ,
FUNES, PAGOLA, SOTELO, MENDOZA, ALTEAR, ESPINDOLA,
PERALTA, CORONEL. Las chatas las conducían primero los
padres y después los hijos. A estas chatas se unían la
de los chacareros. La esquina de Rivadavia y 9 de Julio,
actual propiedad de Cristiana de Bonora, Calavia, Orejon
y Molea, en aquella época era Casa de Zapateiro Y Bede
con ramos generales y acopio de cereales. Con su
despacho de bebidas eran lugar de reunión obligada de
todo los chateros de O’Brien con el natural convite de
copas. Unos iban a cobrar el viaje y otros a retirar la
orden de carga para el otro día. También Patricio que
hace cruz con la escuela 20. otra casa de acopio de
cereales y ramos generales era
la Casa de Arias, en la actualidad CONFECCIONES
O’BRIEN. El nombre de “la calle de las chatas” lo
pusimos nosotros, todo los chicos del barrio que después
con los años se llamó “CORAZON”. En el año 1934,
esta calle era reunión de todos los chicos del barrio
los VAZQUEZ, REMOLE, GAUDINO, JORDY, ZANELLA, FERNÁNDEZ,
CONTRERAS, CALAVIA, DEGALLIO, PUGLIESE, JIMÉNEZ y otros
más que escapan a mi memoria.
- Como
en aquellos años el tránsito era muy reducido, utilizábamos
la calle como cancha de fútbol. El nuevo edificio de la Delegación Municipal , frente a la plaza, se inauguró a
fines de 1938. Antes, el municipio alquilaba una casa
ubicada en la esquina de Bowen y Moreno que en la
actualidad pertenece a la familia QUINTEIRO. Su Delegado
Municipal fue al principio Juan Unchalo que falleció el
14 de mayo de 1939. esto lo recuerdo porque ocurrió un
día después de mi cumpleaños número 12, el 13 de
mayo de 1939. en el verano de 1939, el día no lo
recuerdo, como a las siete de la tarde, O’Brien se
conmocionó: se produjo el primer choque en la “calle de chatas”, justo frente a
la Delegación Municipal vieja. Fue entre un auto
Ford modelo ’35 del señor ROQUE O’KEFFE con el
SULKY de la
Sra. de ANTONIO APADULA. Todos los chicos del barrio que
estábamos jugando al fútbol, presenciamos el choque.
Pero también estábamos acostumbrados a presenciar
accidentes cuando algún sulky se disparaba y chocaba
con otro sulky de los que estaban atados. Eso era
natural, porque en aquella época circulaban por O’Brien
más de cien sulkys...”. Recuerdos que despiertan las
viejas chatas, hoy todo una leyenda.
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