- En los años ’30 y ’40
en que se incrementó el área sembrada por propia
administración, en muchas de las estancias se aumentó
ostensiblemente al personal. En Las Petaquitas vivían
(con sus correspondientes almuerzos y cenas) mas de 60
personas; este personal estaba dividido en diversas
tareas llevadas a cabo en la estancia. Recordamos en el
verano los inmensos canastos de duraznos que todos los días
se juntaban para dar como postres en los almuerzos y
cenas; y de cierta vez en que se hizo una competencia
entre varios empleados a ver quien comía más; ganó
Don AVENDAÑO, padre de la familia que vive entre
nosotros, no apunta la crónica cuantos duraznos llegó
a comer este hombre. En 1936 los sueldos variaban entre
30 y 50 pesos al mes. Ignoramos en que consistía la
diferencia. Así, MARTÍN JEREZ, ganaba 30 pesos según
las anotaciones que encontramos, PROSPERO DE PAULA y
SANTIAGO BERARDI, 35, PANCHO JEREZ, 40, EMILIO STOCCO,
60, ANGEL STOCCO, ANDRES JEREZ y ESTEBAN CEVALLOS, 80
pesos. Tres años más tarde, la nómina de su personal
era la siguiente: MANUEL del OLMO, DOMINGO BRASESCO,
JOSE GARCIA (DON GARCIA) que era el Capataz, MARCOS
CASAGRANDE, y su señora, Doña Elisa, cocinera del
personal y DON MARCOS, a cargo del gallinero, ANGEL
STOCCO (de quien ya hablamos), PROSPERO DE PAULA, que
hace más de 60 años que permanece en
la Estancia , FORTUNATO SUAREZ (el negro Suarez,
un chatero de ley) como puesteros estaban: DON SALVADOR
CIRIGLIANO, FLORENCIO VILLAROEL, ESTEBAN CEVALLOS,
ANDRES JEREZ, FRANCISCO JEREZ, PIO BONIN, AUGUSTO
GIACOMETTI, JOSE TOELLI, PEDRO DE PAULA; en el parque
estaban: JUAN SERAFÍN (parquero) JUAN LAGUIA, SANTIAGO
RABAJO y MARTÍN SOTELO. En la huerta DON PANCHO
SANTINON y su esposa VICENTA TORRECIN, ella, fue la
cocinera de los peones desde
1933 a 1935, fueron padres de ANTONILLA, casada
con Próspero De Paula y AMELIA, casada con Martín
Bilbao respectivamente. DON INCOLA BOSSOLASCO (viejito
ya y que era la personificación misma de la bondad),
FERNANDO CONFORTE; mientras que los alambradores eran
EMILIO STOCCO y NICOLAS CESETTI ( quien murió aplastado
por una pared que se derrumbó). En la cabaña EMILIO
LINARES (que aún sigue),LUIS MILANO (a quien apodaban
“GIGIO DE LAS PETAQUITAS”) personaje de quien ya
hablaremos y que merece un pequeño párrafo. En molinos
y motores trabajaban JUAN CILANO, GUILLERMO RODRÍGUEZ y
ANTONIO CEVALLOS. Y en las construcciones Don JOSE
Leschiutta, ESTEBAN BUZZOLINO y ANTONIO GAIAS y su primo
JUAN GAIAS, sumándoseles PEDRO QUINTEROS. Revisando la
vieja contabilidad de la estancia, nos encontramos con
pagos efectuados a comercios de O’Brien, estos era a
la Carpintería de INOCENCIO CALAVIA, FERNÁNDEZ
Y MARTINEZ, MAXIMILIANO FAPITALLE, MIGUEL CONTRERAS,
SANTOS ROSSI, JOSE BELLANTONI, JUAN MARTORELL, ANTONIO
ASTONDOA, BENITO ANDRES, CELESTINO ARIAS, JULIO NICIEZA,
E. PEREYRA e HIJOS (carniceros), CROCE Y RE, ADAMINI Y
PILATTI, JACINTO BERTOLA, DOMINGO LAGRUTTA y MARTÍN
ABELLAN. Con el tiempo, algunos peones fueron cambiando.
Unos por retirarse a descansar, otros por fallecimiento.
Sus lugares eran ocupados por otros como don BERNARDO
ARTANO y sus hijos, también los CHACELA, ROGGERO, JOSE
PACHELLA, MARTÍN BILBAO, ANDRES TOLEDO, AMER GARCIA,
FLORINDO COMACCHIO, TEODORO ZARCO y sus hermanos.
- El recuerdo de esos años,
era el de un pequeño pueblo en el que se pasaron
momentos de alegría y mucha camaradería. En el mes de
febrero siempre se realizaba un pic-nic con gran baile
en alguna de las muchas taperas existentes, celebrando
el cumpleaños de DANIEL QUESADA. El asado en esa ocasión
era abundante. En 1945 esta fiesta se aguó a raíz de
un terrible ciclón que arrasó con el monte en que iba
a celebrarse la fiesta, salvándose la gente por oras,
del desastre. Los carnavales eran también motivo para
que todos se divirtieran. El vagón de la estancia se
adornaba con papeles de colores y ramas y en su interior
se escondían muchos baldes y depósitos con agua para
usar en el corso. También el break era engalanado y
todo el personal femenino de la casa partía a esa
verdadera fiesta. Esos corsos quedarán siempre grabados
en la memoria: O’Brien era chico y todos se conocían
y divertían sanamente. Otra de las diversiones que
ejercía el personal de la estancia, era en verano ir a
las lagunas en busca de huevos (lo que comúnmente se
llama huevar), lo que daba ocasión de chistes y
zambullidas. Los sábados por la tarde y los domingos,
eran de rigor los campeonatos de bochas. Pero lo que
causaba impresión tanto de mañana como la tarde, era
el ruido de los caballos traídos al corral para ser
atados a carros, arados y chatas. No recuerdo su número
–dice Quesada- pero eran alrededor de 200. recuerdo
–continúa- que en “EL PORVENIR”, en 1952 había
1000 potros semi-salvajes que disparaban a toda carrera
al ver gente de a caballo. Todo eso se ha acabado. El
caballo es elemento de lujo y a medida que pasan los años
va perdiendo utilidad en el campo. La máquina lo ha
suplantado. Y el personal ya es también mínimo. La
decadencia del campo obliga cada vez más a prescindir
de él. Es en 1940, cuando comienza a construirse la
casa nueva de Las Petaquitas. La obra, de grandes
proporciones, fue fuente de trabajo para O’Brien. El número
de gente empleada allí era grande. Varias decenas de
chatas trajeron la arena de los médanos cercanos. De
Los Toldos vinieron 50 chatas transportando ladrillos.
Al acabarse estos se hicieron hornos para quemar; JUAN
ARNAUD, era el encargado de esta faena. Cuando se
quemaban, la humareda llegaba a O’Brien. De Buenos
Aires, vinieron operarios calificados (carpinteros,
plomeros, etc.) que alegraron además, los bailes;
muchos eran jóvenes y fueron la alegría de las chicas
de entonces. Los encargados de la construcción fueron
LUIS DEYME (que se instaló con su familia) y CESAR
PIRRO, dirigidos por el Arquitecto ANTÓN GUTIERREZ
URQUIJO. En 1942, culminó la construcción de la casa.
Al techarse, como era de rigor, hubo un gran asado al
que concurrieron más de 200 personas de la localidad;
Don LUIS DAFFONCHIO, chacarero de
LA CUBANA , que concurrió a él, siempre lo
recordaba, como así también el campeonato de bochas
que siguió al almuerzo.
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