SECCIONES

Inicio

INFORMACIÓN

Arte
Capitulo 1
Capitulo 2
Capitulo 3
Capitulo 4
Capitulo 5
Capitulo 6
Capitulo 7
Capitulo 8
Capitulo 9
Capitulo 10
Capitulo 11
Capitulo 12
Capitulo 13
Capitulo 14
Capitulo 15
Capitulo 16
Capitulo 17
Capitulo 18
Capitulo 19
Capitulo 20
Capitulo 21
Capitulo 22
Capitulo 23
Capitulo 24
Capitulo 25
Capitulo 26
Capitulo 27
Capitulo 28
Capitulo 29
Capitulo 30
Capitulo 31
Capitulo 32
Capitulo 33
Capitulo 34
Capitulo 35
Capitulo 36
Capitulo 37
Capitulo 38
Capitulo 39
Capitulo 40
Capitulo 41
Capitulo 42
Capitulo 43
Capitulo 44
Poemario
Fotos
Epilogo

En los años ’30 y ’40 en que se incrementó el área sembrada por propia administración, en muchas de las estancias se aumentó ostensiblemente al personal. En Las Petaquitas vivían (con sus correspondientes almuerzos y cenas) mas de 60 personas; este personal estaba dividido en diversas tareas llevadas a cabo en la estancia. Recordamos en el verano los inmensos canastos de duraznos que todos los días se juntaban para dar como postres en los almuerzos y cenas; y de cierta vez en que se hizo una competencia entre varios empleados a ver quien comía más; ganó Don AVENDAÑO, padre de la familia que vive entre nosotros, no apunta la crónica cuantos duraznos llegó a comer este hombre. En 1936 los sueldos variaban entre 30 y 50 pesos al mes. Ignoramos en que consistía la diferencia. Así, MARTÍN JEREZ, ganaba 30 pesos según las anotaciones que encontramos, PROSPERO DE PAULA y SANTIAGO BERARDI, 35, PANCHO JEREZ, 40, EMILIO STOCCO, 60, ANGEL STOCCO, ANDRES JEREZ y ESTEBAN CEVALLOS, 80 pesos. Tres años más tarde, la nómina de su personal era la siguiente: MANUEL del OLMO, DOMINGO BRASESCO, JOSE GARCIA (DON GARCIA) que era el Capataz, MARCOS CASAGRANDE, y su señora, Doña Elisa, cocinera del personal y DON MARCOS, a cargo del gallinero, ANGEL STOCCO (de quien ya hablamos), PROSPERO DE PAULA, que hace más de 60 años que permanece en  la Estancia , FORTUNATO SUAREZ (el negro Suarez, un chatero de ley) como puesteros estaban: DON SALVADOR CIRIGLIANO, FLORENCIO VILLAROEL, ESTEBAN CEVALLOS, ANDRES JEREZ, FRANCISCO JEREZ, PIO BONIN, AUGUSTO GIACOMETTI, JOSE TOELLI, PEDRO DE PAULA; en el parque estaban: JUAN SERAFÍN (parquero) JUAN LAGUIA, SANTIAGO RABAJO y MARTÍN SOTELO. En la huerta DON PANCHO SANTINON y su esposa VICENTA TORRECIN, ella, fue la cocinera de los peones desde  1933 a 1935, fueron padres de ANTONILLA, casada con Próspero De Paula y AMELIA, casada con Martín Bilbao respectivamente. DON INCOLA BOSSOLASCO (viejito ya y que era la personificación misma de la bondad), FERNANDO CONFORTE; mientras que los alambradores eran EMILIO STOCCO y NICOLAS CESETTI ( quien murió aplastado por una pared que se derrumbó). En la cabaña EMILIO LINARES (que aún sigue),LUIS MILANO (a quien apodaban “GIGIO DE LAS PETAQUITAS”) personaje de quien ya hablaremos y que merece un pequeño párrafo. En molinos y motores trabajaban JUAN CILANO, GUILLERMO RODRÍGUEZ y ANTONIO CEVALLOS. Y en las construcciones Don JOSE Leschiutta, ESTEBAN BUZZOLINO y ANTONIO GAIAS y su primo JUAN GAIAS, sumándoseles PEDRO QUINTEROS. Revisando la vieja contabilidad de la estancia, nos encontramos con pagos efectuados a comercios de O’Brien, estos era a  la Carpintería de INOCENCIO CALAVIA, FERNÁNDEZ Y MARTINEZ, MAXIMILIANO FAPITALLE, MIGUEL CONTRERAS, SANTOS ROSSI, JOSE BELLANTONI, JUAN MARTORELL, ANTONIO ASTONDOA, BENITO ANDRES, CELESTINO ARIAS, JULIO NICIEZA, E. PEREYRA e HIJOS (carniceros), CROCE Y RE, ADAMINI Y PILATTI, JACINTO BERTOLA, DOMINGO LAGRUTTA y MARTÍN ABELLAN. Con el tiempo, algunos peones fueron cambiando. Unos por retirarse a descansar, otros por fallecimiento. Sus lugares eran ocupados por otros como don BERNARDO ARTANO y sus hijos, también los CHACELA, ROGGERO, JOSE PACHELLA, MARTÍN BILBAO, ANDRES TOLEDO, AMER GARCIA, FLORINDO COMACCHIO, TEODORO ZARCO y sus hermanos.
El recuerdo de esos años, era el de un pequeño pueblo en el que se pasaron momentos de alegría y mucha camaradería. En el mes de febrero siempre se realizaba un pic-nic con gran baile en alguna de las muchas taperas existentes, celebrando el cumpleaños de DANIEL QUESADA. El asado en esa ocasión era abundante. En 1945 esta fiesta se aguó a raíz de un terrible ciclón que arrasó con el monte en que iba a celebrarse la fiesta, salvándose la gente por oras, del desastre. Los carnavales eran también motivo para que todos se divirtieran. El vagón de la estancia se adornaba con papeles de colores y ramas y en su interior se escondían muchos baldes y depósitos con agua para usar en el corso. También el break era engalanado y todo el personal femenino de la casa partía a esa verdadera fiesta. Esos corsos quedarán siempre grabados en la memoria: O’Brien era chico y todos se conocían y divertían sanamente. Otra de las diversiones que ejercía el personal de la estancia, era en verano ir a las lagunas en busca de huevos (lo que comúnmente se llama huevar), lo que daba ocasión de chistes y zambullidas. Los sábados por la tarde y los domingos, eran de rigor los campeonatos de bochas. Pero lo que causaba impresión tanto de mañana como la tarde, era el ruido de los caballos traídos al corral para ser atados a carros, arados y chatas. No recuerdo su número –dice Quesada- pero eran alrededor de 200. recuerdo –continúa- que en “EL PORVENIR”, en 1952 había 1000 potros semi-salvajes que disparaban a toda carrera al ver gente de a caballo. Todo eso se ha acabado. El caballo es elemento de lujo y a medida que pasan los años va perdiendo utilidad en el campo. La máquina lo ha suplantado. Y el personal ya es también mínimo. La decadencia del campo obliga cada vez más a prescindir de él. Es en 1940, cuando comienza a construirse la casa nueva de Las Petaquitas. La obra, de grandes proporciones, fue fuente de trabajo para O’Brien. El número de gente empleada allí era grande. Varias decenas de chatas trajeron la arena de los médanos cercanos. De Los Toldos vinieron 50 chatas transportando ladrillos. Al acabarse estos se hicieron hornos para quemar; JUAN ARNAUD, era el encargado de esta faena. Cuando se quemaban, la humareda llegaba a O’Brien. De Buenos Aires, vinieron operarios calificados (carpinteros, plomeros, etc.) que alegraron además, los bailes; muchos eran jóvenes y fueron la alegría de las chicas de entonces. Los encargados de la construcción fueron LUIS DEYME (que se instaló con su familia) y CESAR PIRRO, dirigidos por el Arquitecto ANTÓN GUTIERREZ URQUIJO. En 1942, culminó la construcción de la casa. Al techarse, como era de rigor, hubo un gran asado al que concurrieron más de 200 personas de la localidad; Don LUIS DAFFONCHIO, chacarero de  LA CUBANA , que concurrió a él, siempre lo recordaba, como así también el campeonato de bochas que siguió al almuerzo.