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Poemario
Fotos
Epilogo

Dicen los que saben (y no se equivocan) que la historia muestra hechos según la persona que la escriba; la historia, por que los recuerdos son realmente de quien los escribe y salen en el papel tal cual lo hacen de su mente; Quesada, que de esto sabe mucho puede dar fe de estas afirmaciones; el me animó para que incorpore en este libro las vivencias en este caso de mi infancia y juventud, como una forma de hacer vivir a mis personajes; es probable que esto no tenga nada que ver con la idea original, pero ellos (los personajes, digo) formaron parte de mi mundo personal pero a su vez lo fueron dentro de la pequeña historia del pueblo.
Toda persona recuerda hechos acaecidos en su niñez, tal vez vagamente algunos o en forma definida otros. Pero cuando uno realmente comienza a vivirlos intensamente es cuando comienza la escuela primaria; casi se diría que renace a la vida, pues corta el cordón umbilical que lo une a su familia y empieza «La vida en el otro hogar», el que de a poco lo irá despertado a mundo que lo rodea; que le ara conocer personas distintas que con el tiempo serán o no sus amigos, pero que formarán su entorno. Nuestra niñez, fue como la de todos los hijos de hogares humildes; ropas más, juguetes menos, con días que se nos antojaban eternos por lo largos; mucha pelota de trapo primero, de cuero y tientos después y algo que nos encantaba: cazar ranas en las lagunas del barrio, donde hoy se levantan las casas de Saúl Pirloni, Oscar Burgas o el galpón de Rolando Tejedor, cuyos bajos fueron rellenados cuando Jesús Álvarez fue Delegado Municipal. Después de cazarlas, escuchar los rezongos de nuestra madre por tener que limpiarlas y cocinarlas, pero seguirá siendo para nosotros un plato exquisito. Así las cosas, un buen día mi madre me hace bañar temprano y sin otra explicación sale resuelta para la escuela; iba a anotarme. La elegida: La vieja Escuela Nacional N° 23. Me pareció extraño que me hiciera bañar a las 2 de la tarde, hora en que por lo general estaba más sucio que la tierra misma, así que llegamos a la escuela y ahí conocí a mi primer personaje y que por 7 años convivirá conmigo: Doña LIA A. MONEZ RUIZ de SALA, en adelante, la señora Directora. Luego de los saludos de práctica, esta señora, a quien llegué a querer y recordar siempre me hizo una pregunta que siempre estará en mi mente: ...”porque te gustó esta escuela Juancito”...? no supe que contestar, me salió algo así como... “me contaron los chicos que aquí juegan a la pelota...” o algo por el estilo. En realidad  la Directora efectuaba sus propias estadísticas pues otra escuela, en este caso la actual N° 20,  La Provincial , competía con  la Nacional en cuanto a cantidad de alumnos. Aunque esto de «competía» es una manera de decir; pero al momento de «anotar» a los pibes que recién comenzaban, cada Directora hacía fuerzas porla suya. Recuerdo a los 10 o 15 minutos de estar con la señora Lía, como en adelante la llamaríamos todos, me ligué un pellizcón de mamá, pues me fui a la galería a jugar con una hamaca doble –recuerdo de color naranja- donde mamá me fue a buscar furiosa por mi actitud. Ahí nomás le dijo a  la Directora , las mismas palabras que yo mismo emplearía cuando fui a anotar a mis hijos: ...”a este no me le afloje, si lo tiene que castigar, castíguelo nomás, pero eso si, hágamelo saber, así en casa mi marido refuerza lo que usted haga...”. eran otros tiempos, donde no se juzgaban las actitudes de los maestros con respecto a la disciplina y mucho menos de  la Directora , cuyos fallos eran inapelables e indiscutibles. Para terminar: fue mi primer personaje conocido; había entrado en mi vida  la Sra. Lía , mujer de fuerte carácter pero muy dulce a la vez, dueña de una personalidad y voluntad que a nosotros los pibes se nos hacía de hierro. Pero ese mismo día, y a los pocos minutos nomás de concluida nuestra visita a la escuela, conocía a otro de imborrable recuerdo: la señora nos invitó a conocer el edificio; lo vi ruinoso y triste, porque en realidad así lo era; vieja casa que había sido un negocio de ramos generales, convertido después en colegio primario. Pero no me importaba, los chicos decían que ahí se jugaba a la pelota y punto. En un momento dado e nuestra visita, sentimos que alguien desde lo alto de un añoso árbol (algunos de estos aún queda en ese predio), nos silbaba; mamá y yo empezamos a mirar hacia arriba y fue cuando Doña Lía levantando la cabeza gritó: ...”cállate pues me tenés aburrida...”. en ese momento entró en mi vida fuera de casa un SEÑOR PERSONAJE: EL LORO PEDRITO; uno de los loros mas atorrantes y boca sucia que yo haya conocido en mi vida; Pedrito era un loro con todas las letras, y como todo loro que se precie de tal se sabía todas las malas palabras imaginables completaba su sapiencia con las magistrales interpretaciones del Himno Nacional, La marcha de San Lorenzo, La canción AURORA y los poemas a la bandera que recitábamos antes de entrar a las aulas. Mi salida al mundo exterior con motivo de mi anotación en la escuela y en el término de una hora significaba el haber conocido a dos personajes que no se borrarían jamás de mis recuerdos. A decir verdad, había sido un buen día para mi. La llegada del período lectivo fue todo un acontecimiento, como lo es en la actualidad, pero revestido por una exagerada (creo yo) importancia, porque más que a la escuela, parecía que iba a emprender un viaje alrededor del mundo (metafóricamente hablando, creo que en realidad lo era); ese día fui acompañado por una prima que también fue a buscarme a la salida, situación esta que duró tres días. En realidad, yo tenía bastante experiencia en eso de callejear, mucho laburo no me daba ir a la escuela. Y como eran frecuentes las peleas «a la salida», también iba un «viji» pedido especialmente por la dirección. El primer día de clases, fue para mi como entrar a una película: había chicos de todas las medidas y colores (de pelo, por supuesto), además mujeres nuevas y grandes: Las maestras. Ese día me mande la primer metida de pata: como éramos muchos para el primer grado, la dirección decidió desdoblar el grado, pero con una variante, la mitad iría a la mañana y la otra a la tarde; yo elegí la mañana para disgusto más que nada de mamá. Tendría que madrugar para prepararme; pero a regañadientes aceptó y comencé a conocer las heladas con pantalón corto y medias largas. Entonces los pibes y hasta 18 años no podían usar los largos, costumbre absurda y realmente tonta que a Dios gracias caducó. En el turno mañana conocí a otro personaje querido de mi vida de «primario: la maestra que junto conmigo y mis compañeros iría «pasando de grado»: COCA ECHEVERRIA, hermana do otro amigo: Raúl. Coca fue como todas las maestras que uno tiene: algo mágico que de pronto se te cruza y ...zás...! ya no te la olvidas más. Coca sería maestra mía en primero inferior, tercero, quinto y sexto. De mis compañeros de los dos primeros años no recuerdo exactamente quienes eran, pero supongo que serían los mismos de los años siguientes: El Poyo Calavia, el indio Cavenaghi, Roberto Mantegazza, Los Mellizos Toledo, el Piribio Ruiz y algunos más; de las chicas recuerdo a Marta Conte, Irma Cimino, Aida Franchi, Marcela Espinel, Norma Muntaiutti, pero sucede que era variable la población de la escuela porque muchas veces cambiaban de establecimiento y por eso se mezclan los recuerdos. De todas maneras todos los nombrados fueron y estarán en el rubro de «primeros personajes» si no nombró a los demás, ruego se me perdone. Y hubo de a poco más personajes, digamos “personales”: Irma Gonzalez, maestra de cuarto; Margarita Clake de Sanz, luego de Videla, que al omento de transcribir esto (marzo de 1995) vive aún en  la Provincia de Córdoba; Ofelia Viglione, maestra de segundo; Tití Ghiringuelli, que la tuve muy poco por que era del otro primero inferior»; Dora Leytour, que no perdonan, tampoco me perdonaron en cuanto a recuerdos, algunos, junto con el cabello, se me fueron. La escuela, la primera institución en «destetarte», ya había hecho su parte, me puso en el riel. No tuve Jardín de Infantes, simplemente porque no existía. Y hasta me di el lujo de ir por uno o dos años también los sábados. Y vuelvo a lo que dije antes: en el mundo privado de cada uno, se van formando los personajes que tendrán un lugar preponderante en la vida nuestra.  La Escuela Primaria , en lo que a mi se refiere, me mostró los primeros. Luego vendrían los otros... Y los otros llegaron, por casualidad por ahí, o por verlos de todos los días; nunca olvidaré a «SCARPONE», cuyo verdadero nombre era ANTONIO DONATELLI, vivía en el galpón de Montaiutti. Se me antojaba, por la pinta, como los viejos lobos de mar que suelen salir en las revistas o en las películas, y me gustaba oírlo hablar con su extraño parloteo mezcla de tano y castellano; fue un personaje realmente pintoresco al igual que el gringo «CATANZARO», cuyo nombre era ANTONIO RINALDO y lo llamaban así porque era de esa región de Italia. El Moja Lazovich lo bautizó con ese sobrenombre. Había luchado en la primera guerra mundial y solía contarnos historias de esa contienda. A veces lo veíamos lagrimear; entonces nos callábamos todos y de a poquito nos íbamos. Fue otro personaje pintoresco de O’Brien, como Placido Anido vendedor de diarios y revistas; Flaco desgarbado y con u gracejo especial en el hablar; nos divertía porque a la hora de la siesta, momento especial para la vagancia, el se sentaba en un banco de la plaza y leía los diarios en voz alta, y nos gustaba como ilustraba al Generalísimo Franco; se acordaba de toda la parentela del General y luego leía los chistes. Es como estar escuchándolo: Las aventuras del gato Félix, El hombre Fantasma, Popeye, Trifón (que salía en  La Nación ), Don Calixto Campolargo; las otras historietas salían en Noticias Gráficas, un diario ya desaparecido que tenía formato del Clarín y que nuestro padre compraba todos los días; pero lamentablemente, quiso el destino, caprichoso siempre, que “Plácido saliera en todas las revistas y diarios que el mismo vendía; fue el primer fallecido reconocido como víctima oficial del Mar de los Rastrojos. Cuando lo vimos al flaco Plácido en la cama (aún vivo) en una revista que no recuerdo su nombre, lo mirábamos azorados; fue un personaje de mi niñez, casi era como de la familia. Otro de los que me dio O’Brien, fue uno a quien mirábamos con desconfianza y miedo. Su aspecto era el de un “bicho raro”, como le decíamos nosotros; lo llamábamos CACHO JESÚS; nunca supe exactamente como en realidad se llamaba, aunque creo que su apellido era Castro pero no tengo seguridad. Era rengo, como si tuviera una pierna más corta (mucho más corta) y tenía una particularidad: su manera de viajar...! era precisamente y aún con sus dificultades automotrices A PIE...!, así como lo leen; el Cacho cubría largas distancias, especialmente a Buenos Aires, ida y vuelta, a pié. Nuestras madres nos prevenían sobre este personaje, pero por el contrario fue un tipo que quería a los pibes y siempre nos contaba historias de sus –según- largos viajes por el mundo. Nunca supimos donde y cuando murió. En las épocas de nuestra niñez, era muy común ver tipos raros todos los días, más aún colgados de los trenes de carga, eran los famosos “Crotos” o “Linyeras”, que viajaban de este modo, sin pagar peaje en los trenes de carga. Lógico era que por ahí algunos se descolgaban aquí. Pero de quien me acuerdo mucho es de un flaco borrachín de lo más cómico que invariablemente andaba todo el día por el pueblo con una botella de vino en la mano; le decían “SANTOS”, no se cual era su apellido, pero hablaba con un vozarrón bárbaro y gritaba; la curda de Santos era una sola: le duraba todo el año y nuestras madres, cuando aparecía Santos por el barrio, nos guardaban enseguida. Otro viejito que me hacía reír mucho cuando hablaba y contaba hechos pasados y presentes era Marino o Tortorella, le tenía mucha bronca a los gallegos (el era italiano); fui muy amigo de su hijo a quien apodábamos “Grillo” porque era hincha de Independiente (igual que yo) y en esa época el Grillo era un famoso  jugador de ese club (aquel del famoso gol a los ingleses), era un fanático de los “Rojos”. Mientras iba creciendo, crecía a su vez en nosotros la pasión por el fútbol; es que en realidad no había muchas cosas para divertirse. Al cine íbamos muy poco, no existía la televisión y los juegos electrónicos era algo ni siquiera pensado. Así que a ponerse las zapatillas más rotas y a darle a la pelota; y luego a cazar ranas. En un momento dado, el Club Juventud Unida organiza un Campeonato de Baby Fútbol. La canchita estaba situada en donde hoy están construidas las casas de Daniel Mendive (al lado de  la Delegación Municipal ). La de Miguel Diforte,  La Farmacia Bozzano (ahora Pizzería) y las demás casas situadas en la calle 9 de Julio y Av. O’Brien hasta la casa de  la Familia Tagliero , metros más metros menos. Recuerdo que armamos un equipo “de ultima”, pues éramos los que no habíamos agarrado nadie, porque éramos medio maletas. Para hacerla corta: salimos campeones y la gente se jugaba la plata como en los hipódromos; en una oportunidad palpaban de armas a la entrada; el resultado de un montón de fierros en una caja de cartón. Los pibes de ese cuadro Cachito Lagada, mi hermano Jorge, Pedrito Canals, Omar Roldán, Pepe Echeverría, Ezpeleta Palú, el Gordo Formoso, ahora en Santa Fe, y quien esto escribe, el equipo se llamaba “CORAZON”, en honor al bario, que es el mío aún, los que nos dirigían eran: MANUEL CALAVIA, MAURICIO JORDY y el ÑATO MONTAIUTTI, nuestro masajista era Don Francisco Citate; ahí aprendí a querer el olor del aceite verde y cada vez que tengo la oportunidad de olerlo, lo hago con mucho gusto; ese aroma me retrotrae a esos años hermosos de la niñez tirando a adolescente, cuando aún los pantalones eran cortos y las esperanzas largas. Como largas eran las noches en que nos sentábamos en el cordón de la vereda de la familia de Basso en tiempos de verano, soñando con las cosas con que soñaban los chicos de esa época; lo que soñaba eso sí, igual que ahora, era con que cornos iba a salir el destino de cada uno de nosotros y con que personajes nos pondría enfrente. Pero eso está para otro capítulo, porque la verdad, personajes, yo conocí a un montón.