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Poemario
Fotos
Epilogo

La entrada del siglo xx, significó para  la Argentina el comienzo de una eclosión económica sin igual. Era un país rico con una moneda fuerte y su imagen era considerada en todo el mundo como modelo y paradigma de lo que debía ser una de las naciones más poderosas y ricas del mundo. Y a ella llegaban no sólo ilustres personalidades de la literatura, de las ciencias o políticas, sino también un número incalculable de inmigrantes que alcanzaban sus playas en afán de enriquecimiento y bienestar. La pobreza en  la Europa de entonces era muy grande debido a las diferencias sociales estratificadas y a políticas económicas egoístas. Argentina no sólo deparaba al recién llegado la oportunidad de fortuna sino también de llegar con su propio esfuerzo e inteligencia a formar parte de la clase dirigente política. Cabal ejemplo de esto fue el Gobernador de  la Provincia de Buenos Aires de ésa época, JOSÉ CAMILO CROTTO, casado con MARIA EUFEMIA MAZZINI, cuñada de una de las dueñas de los campos de Ramos y que visitó esta zona alrededor de 1912.
Era factor importante en el desarrollo del país el hacer buenas vías de comunicación en base a la construcción de vías férreas. E indudablemente muchos propietarios de extensiones de campo, alejados de los principales centros comerciales y núcleos humanos, cimentados en los entre sí alejados pueblos de  la Provincia de Buenos Aires, deseaban que la civilización que significaba el  ferrocarril llegar a sus campos. De ahí nace la idea de la construcción de este segundo ramal del F.C.O. que saliendo de Suipacha atravesaría campos incultos y alejados hasta llegar a la ciudad de LINCOLN. Don EDUARDO O’BRIEN, espíritu revisor y progresista donó extensiones de sus campos para la puesta de las vías y formación de una estación ferroviaria. Los campos de Las Petaquitas, esa vieja enfiteusis Rivadaviana, quedaban así unidos al progreso del país. Según el folleto “UNA GRAN FAMILIA... O’BRIEN”, el 1 de diciembre de 1907 es la fecha de inauguración del paso el ferrocarril. Ese día se dieron cita en  la Estación llamada O’BRIEN, todos los habitantes de la zona con sus sulkys, carros y vagones. Reunión jamás vista y que congregaba a todos los convenientemente empilchados para la ocasión. El tren que inauguraba esas vías estaba compuesto por una máquina con su carbonera y un vagón en el que las altas autoridades de la provincia y de la empresa inglesa del ferrocarril lucían sus levitas y altos sombreros de copa. Pero el sonido estridente del pito de la locomotora y sus bufidos, produjo, según lo contaba el vecino don PEDRO del VIGO, todo un desastre. Asustados los caballos con ese desconocido y estridente sonido, dispararon dejando a sus dueños a pie, algunos con sus carruajes destruidos y a otros muy golpeados. El sonido del progreso irrumpía así en nuestra silenciosa pampa, en nuestro incipiente O’Brien, es decir, en nuestras vidas. Y que bien venía ese nuevo medio de traslado: sus ventajas y consecuencias se hicieron ver de inmediato. Fueron esos años de muchas lluvias y el agua cubrió los campos formando grandes bañados. Recuerda una antigua morada de la zona que poco tiempo antes de existir este tren, fue con sus padres a tomarlo a la estación de San Emilio; salieron en break a las 4 de la mañana tomándoles en el camino una lluvia terrible. El cochero era DONATO LASALA quién perdió muy pronto el rumbo. El agua los rodeaba, no se veía el camino y estaba al campo sin alambrar en este caso los de ANCHORENA; no había ninguna posibilidad de rumbear hacia donde debían ir. En medio de esa oscuridad alumbrada sólo por los relámpagos emergió la figura de un hombre a caballo. Era el gaucho TOLEDO, baqueano de la zona, que providencialmente aparecía. El los guió certeramente y así pudieron tomar el tren de la mañana sin inconvenientes. Es de imaginar las angustias que episodios como éste, bien comunes por cierto se evitaban con el tren.
Con esta estación en sus campos, EDUARDO O’BRIEN decidió realizar un remate de parte de sus tierras para la fundación de un pueblo que llevaría el nombre de “COLONIA O’BRIEN”. Hemos dicho ya que O’Brien había nacido en IRLANDA, en WEXFORD en 1836, siendo hijo de PATRICIO O’BRIEN y FRANCISCA CAVANAGH. A los 14 años viajó a  la Argentina con sus padres y sus hermanos, Sara y Miguel luego de una breve estadía en BRASIL. Se instalaron todos en ARECO, lugar donde fallecieron sus padres alrededor de 1890. En 1875 se casó con JUANA BOHAN de la que no tubo hijos, criando como tal al sobrino de su esposa, SANTIAGO BOWEN, quién lo heredó; su fallecimiento se produjo en Buenos Aires y fue sepultado en  la Recoleta el 8 de diciembre de 1912. O’Brien había llegado a esta zona, como ya se ha dicho, como mayordomo de  la Estancia Santa Isabel de la señora INÉS SALAS DE COBO cercana a  la Estación de IRALA. Allí se hizo hombre de campo. Su hermano MIGUEL, quien también fue estanciero, se casó con MARIA ERWIN, quién le dio 6 hijos. SU DESCENDENCIA VIVE EN  LA ACTUALIDAD EN PERGAMINO. En estos capítulos que hemos venido desarrollando fuimos trazando lo más someramente posible los inicios en aquellos campos salvajes y sus sucesivos dueños de lo que luego se denominaría PUEBLO DE O’BRIEN; los datos aportados, que a simple vista parecieran no tener importancia entre sí, se van entrelazando y nos van a mostrar los vaivenes de una futura comunidad y su lucha contra el indio, las enfermedades y las cotidianas dificultades para sobrevivir.