El Observador de O´Brien

 

   
 
Laboratorios Gamamed      
Locales Lectores Deportes Recuerdos Regionales Sociales    
Inicio Como llegar Turismo Restaurante San Patricio Familias Instituciones Bomberos  
Fotografías  Guia Rural Historia Arte Eventos Mensajes Eventos El Libro  
"Hay que provocar aperturas, sociales e individuales, estar con los que quieren un país igualitario".
Víctor Heredia es uno de los cantantes populares argentinos más prestigiosos, coherentes y comprometidos de todos los tiempos, icono artístico del renacimiento democrático, defiende su compromiso social, recuerda a su hermana desaparecida, confiesa su culpa de sobreviviente, y habla de su realidad.
Cuando Víctor Heredia sacó el álbum doble "Taki Ongoy", en 1986, en el medio de una polémica con funcionarios españoles por su cuestionamiento del festejo del descubrimiento de América, comenzó una vinculación directa con varias comunidades que continúa hasta hoy.
"Lo interesante de "Taki Ongoy" es que aporta una discusión sobre el Día de la Raza en la Argentina y cómo se celebraba lo que yo considero un genocidio de los pueblos originarios. A partir de ahí, comencé a vincularme más profundamente con los pueblos originarios".
Junto a su vida artística, Víctor Heredia lleva adelante durante todo estos años un trabajo solitario de vinculación con algunas comunidades mapuches que se sostuvo con el tiempo.
"Recibí un bautismo ritual, donde ninguna persona del exterior había participado antes, fui invitado al inicio del Winoy Xipantu (el año nuevo Mapuche) celebrado por un "machi" que viajó especialmente desde el otro lado de la cordillera para esa oportunidad.  Luego apadriné una celebración que hacía más de sesenta años que no se hacía y donde se inician a las niñas de la comunidad y se las recibe como mujeres con todas sus responsabilidades en la organización, se llama Katan Kawin y fue quizás una de las emociones más fuertes que viví en mi vida".
La relación con las comunidades se profundizó con el tiempo. Primero, realizando conciertos a beneficio para albergues estudiantiles o para proyectos de alfabetización bilingüe.
"Al principio, me sentía respetuosamente lejano de su mundo y después la relación se fue profundizando de tal forma que ahora me consideran un "peñi" (hermano en lengua mapuche). No es una relación que se hace de un día para el otro, sino que se genera a partir del afecto y la confianza que uno no va a traicionar en su mensaje."
"Ellos tienen un trabajo donde se organizan para rescatar su propia cultura, caminan todo el país, hablan con los lonkos (jefes) y tratan de elevar su comunidad a partir del respeto a su cosmovisión. Para mí, es un mundo misterioso, pues sentí que nos fue escamoteado como sociedad desde la conquista. Es un mundo al que asistimos como turistas cuando debiera ser parte de nuestra identidad.
E.O.: ¿Nos contas tu experiencia en las comunidades cuando te dejaron participar de sus ritos?
V.H.: En realidad, no es algo que uno pueda generar, sino que se dio de forma natural. Cuando me preocupé por develar una parte de la historia no contada sobre la conquista en "Taki Ongoy", se generó una onda de confianza. Pero pasó mucho tiempo y sólo ahora pude participar de una ceremonia, donde vino un sacerdote sagrado de Chile. El me invitó a comer en el sitio que tenía asignado frente al rewe en el que se hizo la ceremonia y mis hermanos mapuches se asustaron muchísimo, me decían que no era adecuado que estuviera allí sentado, pero él les dijo que ese lugar me correspondía y que era el momento indicado para estar allí.
E.O.: ¿Cómo ves la situación actual de las comunidades?
V.H.: Leí acerca de la labor de Coñequir en Olascoaga y de Dionisia Carranza Meliu en Los Toldos, pero como otros tantos siguen trabajando desde la marginalidad; a pesar de eso insisten en la exigencia de sus derechos territoriales y culturales. Es increíble, pero esta sociedad eurocéntrica nos sigue educando para que los veamos lejanos a nosotros y como seres desconocidos, cuando en realidad son nuestro más bello y verdadero origen.
E.O.: Cantar temas que condenan las desigualdades sociales, te obliga a una austeridad obligada?
V.H.: No, ese es un prurito que ya superé. No puedo obligarme ni obligar a mi familia a inventar limitaciones económicas. Ni dejar de disfrutar. Pero no podría gozar de todo eso si me negara a colaborar cuando me llama Mónica Carranza para que ayude con un comedor infantil, o Hebe (de Bonafini) o Pérez Esquivel o mis compañeros de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos, o el Padre Farinello, entre otros.
E.O.: Supongo que alguna vez te deben haber acusado de tener gustos burgueses.
V.H.: Sí. Una vez bajé de mi auto, de una marca alemana, y me dijeron despectivamente: "Míralo, tiene un auto importado". No puedo explicarle a cada persona que el auto es un seguro de vida para mí y para mi familia en la ruta, no me interesa porque no tengo culpas, lo gané con mi esfuerzo y honestamente. No tengo contradicciones; sé quién soy. Hay un prejuicio consistente en que uno debería vivir de acuerdo a lo que canta o como aquellos a quienes pretende defender o ayudar a mejorar sus vidas. Es imposible. Un cantante popular debe tener su lugar de intimidad. Yo tuve que dejar una casa en la Capital Federal e ir a vivir a un barrio con seguridad porque mi familia estaba insegura. Nos llamaban diez millones de veces por día para amenazarnos y finalmente nos robaron.
E.O.: Sabiendo que sos un tipo solidario. ¿Te hacen pedidos insólitos?
V.H.: Es común que me digan: Mi vieja cumple años tal día y es fanática tuya. ¿No venís a la fiesta? Lo entiendo y lo agradezco. Cuando viajo a alguna provincia, hago ese tipo de cosas. Uno también es cholulo de ciertos tipos. Yo siempre soñé con darle la mano a Paul Mc Cartney. Cuando vino acá, sabía que estaba en una estancia en Luján y me iba hasta allá en auto para ver si lo distinguía desde lejos, pero no pude verlo.
E.O.: ¿No podías apelar a algún contacto?
V.H.: ¿Qué iba a decir si me quedaba frente a él? Si le daba mis discos el tipo se me iba a cagar de la risa (se ríe).
 
Nacido en Monserrat pero ciudadano por adopción de la localidad bonaerense de Paso del Rey, allí; en Junio de 1976, un grupo de tareas irrumpió en su casa donde vivía su hermana María Cristina, docente. Estando embarazada fue secuestrada y desaparecida junto a su pareja, ante la mirada de Yamila, la hija de ambos, de dos años.
"Al poco tiempo, mi papá murió de dolor", recuerda, y debió cuidar de su madre y su sobrina, buscar a sus familiares desaparecidos, y sobrevivir vendiendo flores plásticas, chorizos y libros, o componiendo unos jingles desde el anonimato.
E.O.: ¿Te preguntaste cómo te salvaste?
V.H.: Bueno... sufrí un intento de secuestro y constantes persecuciones. Pero creo que muchos artistas conocidos nos salvamos por el asesinato de Víctor Jara en Chile. Fue tanto el repudio mundial a ese crimen de la dictadura de Pinochet que acá se prefirió al desaparecido ignoto que al popular. Es siniestro. La muerte de Jara nos salvó la vida. Lo lamento tanto por los otros 30.000...
E.O.: Una vez dijiste que te quedó la culpa de haberle inculcado la militancia a tu hermana; como si te sintieras  el responsable de un hecho atroz que cometieron otros...
V.H.: De vez en cuando me asalta la duda. Sobre todo desde que leí en el diario un informe firmado por Albano Harguindeguy. Ahí figuraba mi nombre y los de 500 tipos, 49 de los cuales están desaparecidos. Se les pedía a los servicios que nos investigaran, persiguieran y exterminaran. Pero lo que más me golpeó es que se pedía que se hiciera lo mismo con los familiares. Me dije: No se la agarraron conmigo sino con ellos. Nunca me había puesto a pensar en que yo había tenido relación con aquellos secuestros, en que habían sido mi culpa. Leer eso me mató.
E.O.: Te dejó una secuela.
V.H.: Una desaparición te deja la sensación de que todo puede desaparecer. Para colmo, los familiares de desaparecidos no cumplimos el rito de enterrar y la desaparición está siempre ahí, dando vueltas. Es de terror. Cuando no sé en dónde está alguno de mis hijos camino por las paredes. Me quedó esa lesión psicológica.
E.O.: Pero pareces un tipo bastante entero...
V.H.: Sí, pero me bajonean ciertas fechas. Los lugares vacíos y los momentos en que recibo un premio. Ahí pienso: la puta, si estuviera mi viejo conmigo... y así me arruino el instante. Todo me da culpa. Me ayuda mucho conversar con un amigo religioso, Rubén Capitanio  que fue mano derecha del obispo Jaime De Nevares. Yo soy ateo. Aunque de vez en cuando digo Dios mío, ¿en dónde estarán? Me vuelve loco no saber dónde están mis hijos.
E.O.: Con una carga tan dura, podes eludir las letras de denuncias?
V.H.: A veces no pude. Con el paso del tiempo y el crecimiento intelectual, siento que no estoy contento con algunas letras que escribí. Ahora trato de buscar la metáfora, de evitar el golpe bajo. No me gustan el panfleto ni la demagogia. Y en lo político ya no soy esquemático. Hay que provocar aperturas, sociales e individuales, estar con los que quieren un país igualitario, más allá del partido.
E.O.: ¿Hay temas tuyos no te gustan?
V.H.: En una parte de "Qué nos pasó paloma" decía: "Que mi paloma quiere ser socialista". Tenía 21 años, estaba en plena ebullición militante. Hoy, por ejemplo, no escribiría "mi esperma urgente". Al componer Sobreviviendo no supe decirlo de otra forma. Es una frase que sigue despertando fervor pero que hoy no escribiría.
 
"Todavía Cantamos", "Sobreviviendo", o "Dulce Daniela" son éxitos que hasta llegaron a el canto de las hinchadas de fútbol.
E.O.: Nos contas como creaste "Dulce Daniela"?
V.H.: Dulce Daniela es una canción verdadera. Es una canción que yo escribí para mi hija cuando tenía tres añitos y nos pintarrajeaba todas la paredes del departamento en el que vivíamos. Lo que al principio nos produjo un poco de enojo pero después inmediatamente reaccionamos porque era en plena etapa de la dictadura y aquellos dibujitos que encontrábamos a la mañana en el desayuno en cualquier lugar de la casa nos empezaron a arrancar sonrisas. Por eso le escribí una canción en agradecimiento a quitarnos un poco la tristeza de aquellos momentos. Hoy Daniela escucha esa canción que la tiene incorporada y sabe que es propia. Además ella canta maravillosamente bien pero hace otro tipo de música así que no sé si alguna vez se puso sola a canturrear su propia canción, la canción que le dediqué. Lo que si tenemos es una relación maravillosa con todos mis hijos. Con mis cinco hijos tenemos una relación muy linda muy apretada que me enorgullece", cuenta conmovido.
E.O.: Se dice que sos un poco complaciente con tu público, repitiendo éxitos anteriores
V.H.: Una vez, presentando Taki Ongoy; quería tocar sólo temas de ese disco. Después de siete bises, la gente me pedía a los gritos El viejo Matías. Volví al escenario, me paré frente al micrófono y ahí me di cuenta de que mi mente había decidido olvidarla. Aterrado, me acerqué al bajista y le pregunté: ¿Cómo era El viejo Matías? Me contestó: "Es la historia de un tipo que vive en la estación de...". Lo quería matar. "La letra, por favor", le rogué. Y ahí salió.
E.O.: Eso se llamaría sucumbiendo al pedido ajeno...
V.H.: Es que es muy difícil negarte a 5.000 personas pidiéndote Aquellos soldaditos de plomo o Razón de vivir y muchos temas que uno ya no sabe si tiene ganas de cantar.
Preferiría mostrar algo nuevo. Pero, como dijo Silvio Rodríguez, "no te piden que les cantes una determinada canción sino que les repitas fragmentos de sus vidas, que los remontes a otros tiempos".
Ya hay demasiada crueldad como para que yo agregue otra.
 
 

 

 

 
Volver...