El Observador de O´Brien

 

 
 
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Pasto y agua por una sonrisa
Llegaron los Reyes Magos repartiendo juguetes y golosinas
El sábado por la noche, como cada 5 de enero, los niños aguardaron con sus zapatitos y agua y pasto para los camellos, a los Reyes Magos. En esta oportunidad y en nuestro pueblo, no sólo llegaron con un regalito para los chicos que se han portado bien, se acordaron de todos.
 
Organizado por Mario Fabiano, Leticia Balvidarez y María de los Ángeles y Ricardo Gamez, pasadas las 22.00 hs, Melchor, Gaspar y Baltasar se bajaron del sulky en su primer destino: Villa Elba. Dejaron a cada uno de los chicos del barrio un juguete a cambio de enormes sonrisas y ojitos brillosos.
Luego, la sirena de la policía y de los bomberos voluntarios anunció que se dirigían hacia la plaza Leandro N. Alem, donde los aguardaban muchos pequeños junto a sus papis. Felices, no sólo recibieron golosinas, sino que también aprovecharon para sacarse fotos y vivir la llegada tan esperada junto a amigos y en familia. Hace siglos, una estrella los condujo desde Oriente hasta Belén para encontrar al recién nacido Jesús y adorarlo ofreciéndole oro (representando su naturaleza real, como presente conferido a los reyes), incienso (que representa su naturaleza divina, empleado en el culto en los altares de Dios) y mirra (un compuesto embalsamador para los muertos, representando el sufrimiento y muerte futura). La historia continúa narrando la intención de Herodes de que los reyes le informaran sobre el lugar preciso donde el Niño se encontraba, para ir y matarlo y la aparición de un ángel para advertirles el peligro que conllevaba responder al deseo del soberano de Jerusalén. En realidad, el sábado por la noche no importó lo que plantean diversas tradiciones o investigaciones. No importó si eran tres, cuatro, siete, doce o sesenta los reyes que fueron hasta Belén. No importó que aquellos no fueran magos ni reyes y que fueran sabios astrónomos.  Lo importante fue que aquellos dones místicos, más de dos mil años después, fueron representados por juguetes y golosinas que surgieron de la colaboración desinteresada de mucha gente de O’Brien en respuesta a la iniciativa planteada. La estrella guió a los Reyes Magos hasta aquí, para que todos los niños recibieran su regalo… Quizás en algunos casos, el único. Por eso y ya con la ilusión de regresar el año próximo, partieron en la noche sabiendo que habían dejado el obsequio más preciado: felicidad en los pequeños corazones.

 

 

 
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